El tiempo se va como las olas que llegan a la playa

La vida solemos decir que es demasiado breve para desperdiciarla, que cada minuto que pasa nunca vuelve, repetimos que el tiempo es oro, y así mil y una frases similares con las que definimos el carácter efímero del tiempo, esa volatilidad con la que desaparece sin que sepamos cómo aprovecharlo de forma adecuada, y sin embargo, seguimos siendo verdaderos esclavos de los malos hábitos que hemos elegido, consciente o inconscientemente, y que nos obligan a dejar pasar cada día cómo si tuviéramos la llave mágica que nos permite, cuando nosotros queremos, poner en marcha la máquina del tiempo consiguiendo seguir aquí eternamente y repetir los días perdidos para aprovechar lo que no hicimos.

playa.jpgLo lamento, tengo muy malas noticias. El tiempo es igual que ese océano que llega cada segundo a morir en la arena de la playa, podemos estar horas y horas, días, o incluso años seguidos allí sentados observando como llegan una ola tras otra sin que nunca se detenga, sin que su dulce vaivén, su acompasado devenir deje de enviarnos sus ondas de agua y espuma, o cómo decía el poeta “de plata y azul”, y sin embargo ninguna es repetición de cualquiera de las anteriores, pues la que llegó, murió allí mismo y nunca volverá a mojar nuestros pies por mucho que nos empeñemos, y el tiempo, nuestro tiempo, es exactamente igual a ese océano, nos regala cada día 86.400 nuevos segundos que nunca regresarán, y depende únicamente de nosotros que los aprovechemos adecuadamente o no.

Te voy a poner un ejemplo, ya sabes que me gusta ilustrar con ejemplos todo lo que escribo, que lo ilustre mejor. Imagínate que te acaban de dar las llaves de tu nueva casa y hoy es el día de la mudanza, ese tan temible pero que tantas expectativas genera. Estamos dispuestos para traer todas las cosas de tu antigua vivienda y las iremos colocando en la nueva. Una tarea verdaderamente apasionante, sobretodo porque además de estrenarla, es ciertamente más grande que la antigua, y eso siempre es motivador.

Cómo es evidente, vamos a ir colocando cada elemento según nos los vayan entregando los empleados de la mudanza, y por ello dependeremos de las cajas y los enseres que nos traigan. Para ellos esta tarea muy simple, están hartos de hacerla, es su trabajo. Tan sencilla como que a medida que van entrando en las diferentes habitaciones, van por un lado protegiendo los enseres grandes con mantas, papel burbuja, etc. y por otro metiendo en diferentes cajas todo lo pequeño (protegiéndolo también, al menos con esa esperanza les contratamos).

mudanza2.jpgBien, pues nosotros en esta ocasión, hemos decidido que vamos a encargarnos de volver a colocar todo en el salón-comedor de la casa. Estamos a la espera de que lleguen con la primera entrega, tenemos todo el salón vacío salvo por la bombilla que cuelga del techo que le da un aspecto un poco tétrico.

Por fin llegan, ahí las tenemos, son unas cuantas cajas. Vamos abriéndolas y vemos que se tratan de libros, así que los vamos colocando en un lado en el suelo, para que no estorben. Abrimos las siguientes cajas y hay cosas variadas: vídeos, una colección de música de antiguos discos de vinilo (aun los guardamos y no sabemos ni porqué, pura nostalgia) que guardamos cómo algo sentimental a sabiendas de su nulo valor en la actualidad y que ni los hemos escuchado en los últimos 15 años, una colección de películas y música algo más cercana en el tiempo que guardamos en CD y DVD, y los diferentes mandos a distancia de los diferentes aparatos electrónicos: vídeo, DVD, equipo de música, disco duro de la tele, el aparato de la tele por cable, etc., los cuales decidimos dejar temporalmente junto a los libros para que no se nos pierdan y  no los pisemos.

Seguimos abriendo, y salen objetos decorativos de todo tipo, por supuesto algunos manteles, la cubertería buena, la cristalería de Polonia, otra tanda de libros, algunos recuerdos de nuestros viajes, diferentes regalos de amigos y familiares, todas estas piezas suelen ser de cristal, barro, cerámica, metal, etc. pero la mayoría de ellas de pequeñas dimensiones y no hay que explicar que de formas muy diferentes, por lo que se nos hace imposible amontonarlas de forma unificada, y decidimos que como esto nos ocupa bastante espacio, lo pondremos junto a los montones de libros y DVD. Bueno, nos sentimos satisfechos, hemos acabado con la primera tanda de cajas, pero solo hasta que nos giramos y vemos el salón, observando que tenemos ocupada una zona importante del salón, pero cómo dentro de nosotros sigue habiendo satisfacción porque en el fondo nos congratulamos porque hemos sabido agruparlos… y creemos que de esta forma no nos ocasionarán demasiados problemas.

mudanza1.jpgCuando vemos entrar la segunda tanda de cajas nos ponemos manos a la obra de inmediato, y ahí empiezan a aparecer los primeros cuadros, algunos pequeños, otros grandes, los cuales vamos colgando al instante para que no estorben en el reparto de espacio, el viejo revistero, la lamparita que tenemos en la mesita baja del teléfono, un par de puffs que siempre hemos tenido en el salón junto a la mesa, en donde se sienta nuestro hijo e incluso nosotros en alguna ocasión, algunas figuritas de decoración de mayor tamaño que van en las estanterías y sobre la mesa del comedor.

Ya está, todo situado, todo desembalado de la segunda tanda. Nos volvemos de nuevo y echamos un vistazo al salón para pensar en que en breve llegará el tercer envío. La preocupación empieza a nacer con visos de convertirse en algo real, pues empezamos a ser conscientes que probablemente tendremos problemas de espacio, y empieza el desconcierto pues no entendemos cómo es posible que este salón tenga más metros que el de la casa antigua y a pesar de ello, parece que quepan menos cosas. Un sudor frío empieza a fluir por nuestros poros pues empezamos a darnos cuenta que tendremos que enfrentar los problemas que se nos avecinan en breve.

Por fin llega el tercer envío de la mudanza, son ya cosas de mayor volumen, como por ejemplo las sillas del comedor, que para esperar que llegue la mesa, las agrupamos temporalmente unas encima de otras en la única esquina que nos queda libre, llega la mesita del teléfono pero no la podemos colocar en su sitio porque están todas las figuritas y algunos DVD, asi que la ponemos en la otra esquina; nos traen el aparador del comedor, con lo que nos obliga a mover varios montones de libros para hacerle sitio pero aun así no podemos situarle en donde teníamos pensado porque también hay parte ocupado con otras cosas, una lámpara de pie que va directamente a la esquina pensando que si la dejamos en medio corre el riesgo de que la tiremos con tanta cosa a su derredor, el reproductor de DVD, la cadena de música, una butaca de descanso que solemos tener en un lado del comedor para ver la televisión. El agobio empieza a ser más que patente, pues tenemos el salón prácticamente lleno y aun no han llegado los muebles, ¿cómo lo vamos a hacer? Estamos totalmente desconcertados.

Cuando por fin llega el mobiliario, los empleados de la mudanza nos miran con naturalidad y no sin cierta sorna irónica y nos preguntan dónde los dejan pues ven que no hay forma de entrar con ellos en ese salón, lo hacen esperando una respuesta por nuestra parte, porque al fin y al cabo es nuestro problema y a sabiendas que ya no hay sitio suficiente en el salón. Traen la mesa del comedor, los sofás, y como no es posible pasar de la puerta, los van dejando en la entrada de la casa esperando que movamos los diferentes elementos de este macropuzzle y dejemos los huecos suficientes para poder ir entrándolos.

groucho.jpgSiguen trayendo más, esta vez son la mueblería del comedor. Que desesperación!!!. Llega el mueble de la televisión, las alfombras… No sabemos donde escondernos, nos empieza a doler el estómago y nos entran vértigos y mareos por la impotencia, no tenemos solución. La camisa esta empapada de sudor, no sabemos cómo resolverlo. Es imposible que quepa todo eso según lo hemos ido colocando. Traen las cortinas, la otra lámpara de pie, la televisión, las plantas… Dimito, que venga alguien a solucionar este entuerto, no puedo más ¿Y ahora que hago?

¿Y que solución podemos tomar? ¿De que elementos de nuestro salón, grandes o pequeños, decorativos o estructurales, nuevos o viejos, útiles o inútiles, podemos prescindir? ¿Dejamos los muebles fuera? Efectivamente no, ninguno podemos dejar fuera ni quitar, pues nuestro problema no es cuestión de espacio sino del método que hemos utilizado. Y es prácticamente imposible poder colocarlo en el orden que lo hemos hecho, y a nadie se le escapa que este relato, nada fuera de la misma realidad, es de muy complicada solución en ese orden, pero sin embargo, de muy sencilla en el orden inverso.

El problema no ha estado en que no haya sitio, ni siquiera la solución sea solo el orden en que llegaron las cosas, sino en que nosotros estuvimos en todo momento con el velero esperando que llegara el viento que nos moviera en dirección acertada, pero no tuvimos nunca el control de la situación no tuvimos el control del orden, ni de los elementos con que jugábamos esta partida. esa es la clave, tener el control y decidir que piezas se encajan en cada sitio y en que momento debe hacerse.

No me cabe duda de que con este ejemplo habrás llegado a la conclusión que nunca lo habrías hecho cómo el protagonista de mi relato, pero mi pregunta es la siguiente:

.

Si sabes y eres consciente que este método no funciona…

  ¿por qué lo haces con tu vida?

 

¿Por qué llenas tu vida con todas las cosas que realmente son intrascendentes y no dejas espacio para las importantes?


Si realmente queremos aprovechar nuestra vida es imprescindible que empecemos por las cosas importantes, las que de verdad hay dentro de nuestro corazoncito, las que sentimos y por las que vivimos de verdad: nuestros sueños, nuestra familia, nosotros mismos, y empecemos a dedicarle todo el tiempo que se merecen, es necesario que abramos nuestra vida y les demos la prioridad suficiente para que en todos los casos encuentren su hueco, y después, el resto de cosas las iremos adecuando en los huecos que nos queden, y si finalmente alguna no encuentra hueco, al menos todo lo importante estará en su sitio y lo que se quede fuera solo sea lo superfluo.

padre-e-hijo.jpg


Y si crees que no estoy en lo cierto, piensa y dime que le contestarás a tu hijo cuando dentro de unos años, viendo las fotos de cuando era pequeño y que u no apareces en muchos de sus momentos importantes, te pregunte:

.

- Papá ¿por que cuando era pequeño solo te veía los domingos?

 

¿por qué nunca viniste a mis actuaciones o partidos en el colegio?

 

¿donde estabas?

¿Que te responderás a ti mismo cuando en tu vejez mires atrás y veas que aun conservas intactos tus talentos y los dejaste sin estrenar?

.¿Que te dirás cuando repases todos los sueños se quedaron sólo en…

“yo quería ser…” o “yo quería hacer…”?

 

¿Hasta cuando esperas para dar el giro al timón de tu barco y dirigirte hacia donde tu más deseas.


No es cuestión sino de cambiar las prioridades, y te aseguro que hoy es el mejor día para hacerlo, no dejes que las olas sigan muriendo sin que tus pies hayan disfrutado de su espuma.

 

Los sueños sólo existen para que alguien se atreva a hacerlos realidad.

Sal corriendo a perseguirlos como si fuera la última vez que pudieras hacerlo!!!


Te deseo muchos éxitos en la vida.
Antonio Domingo


3 Comentarios para “El tiempo se va como las olas que llegan a la playa”

  1. ains, la maldita procrastinación, sobredosis de información, de ocio, de problemas…sobredosis de todo y al final no sabes en qué leches invertir tu tiempo. Lo mejor montarse un chiringo en la playa y ser feliz!

  2. @fernando, procastinar es un mal habito en el que fácilmente caemos, pero priorizar primero lo urgente dejando lo importante siempre para después es peor aun porque ya no hay forma de salir salvo plantarse y decidir poner las cosas en su sitio, y te lo digo por experiencia, tanto en haber tenido el hábito como en haberlo cambiado.
    saludos y gracias por tu comentario

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